Algo cambió entre el ayer y el hoy. Quizás a medianoche, quizás por aquellas palomas mensajeras que nunca llegaron.
"Se hace tarde, se hace tarde, el té, el té..." Menuda estupidez, nadie toma té en momentos así, y esa es la mayor pena de todo esto, que no hay tiempo para descansar o reir. Es triste ver como cosmonautas guian sus vidas a cientos de kilómetros sobre una cabeza que pierde el equilibro por el reducido aspecto de su cuerpo endeble.
Sí, se hace tarde... Y el globo se va llenando de aire caliente. El plástico, a diverencia de otros componentes, explota produciendo un ruido dantesco, atronaor, capaz de causar hemorragias cerebrales si la distancia del objetivo sobrepasa el límite permitido.
Prácticamente sordo y con la cabeza en el típico trance antes de estallar me pregunto donde estarán las pastas. Esas deliciosas galletitas de mantequilla que acompañarán al té que estoy a punto de servirme. A punto de servirme porque no aguanto más. No aguanto más ni a la sangre ni a ese extraño líquido viscoso y amarillento que sale de mis ojos en momentos así.
¿Dónde está el castillo y su señorita Scott?
Señorita Scott, de corazón valiente.
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