“¿Un mal presentimiento dices?”
Esos en los que está claro el qué, pero no el cómo ni el cuándo.
En los que ves el vacío, y el cuerpo precipitarse sobre él. El abismo
absorbiendo lo más puro que tus ojos llegaron a ver. Donde todo se pierde y
queda sumido en la más absoluta oscuridad, donde todo parece perdido.
“Pero no sabemos el dónde.”
Pero sabemos el qué. Y el “qué” solo puede darse bajo
ciertas condiciones. Vamos, concéntrate.
“Y verás la sombra crecer, el tiempo pararse y tu alma
padecer.”
Hoy el presentimiento es distinto. Se asemeja a un puñetazo
en la nariz, con la mano izquierda. ¿A quién conocemos que sea zurdo?
“Vamos, relájate.”
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