La teletransportación nunca fue una de sus cualidades. Así que podía imaginarse qué pasaría cuando apareciese tras ella, arma en mano, para salvar a su compañero.
Pese a los escombros que cubrían el terreno, ella giró con rapidez, soltando la cabeza del uniformado y mediomuerto objetivo, y lanzando una veloz estocada en el brazo del otro suicida. La jeringa envió la cápsula dentro de la piel de su antebrazo, cerrándola tras de sí. El segundo ataque ni siquiera lo vio llegar, en su mano izquierda. De la misma manera, la cápsula se introdujo bajo la piel y los músculos. Cayó sobre lo que quedaba de una pared, y gritó.
A la vez que esa realidad se difuminaba pudo verla. Pudo ver esa piel clara y cabello corto y negro. Y no pudo evitar preguntarse dónde la había visto antes.
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