Y aquel monstruo de escamas negras vomitó durante toda la noche.
Mentiras, sufrimiento, egoismo, todo el mal palpable se desprendió de aquella bestia, que fue vaciándose como un tarro de leche podrida.
Y mientras lo expulsaba, algunas zonas de su cuerpo se tornaban color plata.
A los pocos minutos, un infinito charco negro se mezcló con las aguas de un río frente a lo que ahora era una nueva bestia.
Color plata, brillaba al Sol. En ciertas partes, el Sol se refractaba en las escamas y devolvía maravillosos juegos de luces.
Por eso nunca se puede beber de un río, porque no sabes si alguien ha vomitado mal unos metros río arriba.
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