Suenan las campanas. El reloj de la torre de la plaza marca el final del día.
Los demonios de la luz se esconden.
Un minuto que parece un segundo, un minuto que desearía que durase eternamente. Un minuto de silencio, un minuto de paz. Suenan las campanas; es el sonido del alivio, de la tranquilidad. El sonido de la vida.
Podría dar mil y una comparaciones más con lo que representa ese minuto para toda la humanidad, pero ya ha pasado el minuto. Ahora les toca entrar en escena a los demonios de la oscuridad.
Los demonios de la noche son mejores que los demonios de día, no son tan destructores. Por eso la gente duerme por las noches en este mundo.
Sin embargo, volverán los del día a la mañana siguiente.
Es por eso por lo que adoramos el único minuto de silencio, el minuto de la salvación. Que no se queda más que un minuto...
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