Niño Luna, niña Sol. Se querían, se amaban.
Pero desde que tomaron posesión de sus tronos no se volvieron a ver.
Ella irradiaba con su energía el planeta. Mantenía la vida. Hacía que lloviese y que la vida se destruyese y crease constantemente.
Él salía por las noches a contemplar las bellezas hechas por su amada. Era todo tan perfecto. Estaba todo tan precisamente medido. Sin embargo, cuanto más pasaba el tiempo, más inútil veía su existencia el niño Luna. Movía en vano las mareas, intentando alcanzar la tierra tan magnífica que se extendía hasta el infinito.
Sufrimiento con sabor a luna menguante.
¿No ves que necesito de ti tanto como tú de mi? ¿No ves que sin tu oscuridad no podrían morir tranquilos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario