Jóven fanático a la lectura.
Se le resbala el libro de sus manos y cae al suelo haciendo un sonido sordo. Él está dormido sobre el sillón, con el brazo izquierdo balanceándose como un péndulo, a escasos centímetros de la alfombra donde reposa el libro, inerte.
Está soñando.
Todo está en blanco y, de pronto, de una explosión ínfima surge un sueño perfectamente construido.
Frente a él, se alzan dos torres enormes. Son las típicas torres de oficinas que hay en el centro de cualquier ciudad, pero estas son especialmente altas.
Todos los pisos de los edificios están vacíos. En algunos hay unos folios esparcidos por el suelo.
Las paredes están pintadas de blanco y las ventanas son cristales azules que llegan hasta el suelo.
Ni siquiera hay mesas, sillas o estanterías y, en algunas zonas, el suelo está a medio acabar. No hay cañerías ni luz eléctrica.
¿Qué clase de lugar es ese para comenzar un sueño?
Quizás el sueño fuese que estaba sentado en un sillón, frente a la chimenea, mientras leía tranquilamente un libro sobre la vida real.
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