Correr, correr, correr. Echar a correr, a mil por hora. No poder parar, es increíble lo agradable que se hace el viento si vas a la velocidad adecuada.
- ¿Sabes? Pensé que había olvidado cómo correr.
- Suele pasar.
- ¿Y sabes por qué volví a correr?
- Qué más da, lo que importa es que lo hiciste y que te recuperaste de tu enfermedad. Ahora solo tienes que parar y volver a correr. Así hasta que tu corazón no te deje correr más.
- Hasta que... no me deje más... Esta vez, no volveré a enfermar, realmente necesitaba ese abrazo. Realmente, necesitaba correr.
No hay comentarios:
Publicar un comentario