Encerrado entre cuatro paredes, que ahora son mi prisión.
Los libros se elevan en el aire y, como si fuera algún tipo de hechizo, las letras empiezan a salir como largas cuerdas que me rodean y atrapan. Las palabras queman mi piel, quedando impresas en mi cuerpo como si fueran marcas hechas con acero fundido.
Sujetándome por los brazos y piernas me arrastran hasta la silla...
El resto de la tarde la pasé intentando cantar a la vez que lloraba... Solo salía esa voz nasal de cuando los mocos no te dejan ni respirar...
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