La luz se ha ido en todo el barrio, y me he quedado mirando por la ventana, como suelo hacer en estos casos. Es de noche y está todo oscuro.
Miré al cielo oscuro. Las nubes aún seguían ahí, desde el día anterior no se habían movido ni un poco.
De pronto, empezaron a moverse en todas direcciones, como si huyeran espantadas. Se hizo el silencio más absoluto...
Al rato, volvieron las nubes, más negras que nunca.
Pensé que mis ojos me mostrarían algo más que aquellas aburridas nubes, y no me equivoqué.
Comenzaron a unirse y a formar una única nube enorme. Cubrieron la luz de la Luna... Y, por arte de magia, estalló en miles de trozos que, a la vez que caían a la Tierra empezaban a sacar alas y a volar.
En cuestión de segundos, millones de mariposas negras tomaron las calles.
La calle se había convertido en una marea negra de pequeños insectos.
Desde mi ventana solo veía millones de pequeñas antenas chocar unas con otras, mientras se escuchaba un aleteo escalofriante.
Deseé que mi mente no me engañase y que siguiesen ahí cuando volviese la luz. Pero, como ocurre con las nubes de lluvia, odian la luz. Por eso huyeron segundos después, cuando las farolas volvieron del coma.
Bueno, dicen que los mejores viajes son los que comienzan cuando el Sol se ha escondido y la única luz es la que podemos apagar pulsando un botón. Agradeceré eternamente a aquel desconocido que, desde lo alto de la colina observó mi cara de felicidad cuando "apagó las luces".
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