Se acerca el invierno.
El suelo de madera cada vez está más frío. Los árboles están sin ninguna hoja sobre sus ramas. Algunas mañanas veo pequeños fragmentos de hielo flotando en el río, como si quisiera helar ya.
Ya no me despierta el mismo canto de pájaros cuando se hace tarde y aún sigo en la cama.
No sé qué pasa... Creo que iré a las montañas, quizás haya alguien que me traiga el invierno cada día a mi jardín. Y eso no me gusta.
Escarcha en las ventanas y el crujir de la hierba helada.
Creo que me estoy volviendo loco... Me gusta el invierno, o me gustaba. Detesto el frío que me persigue hasta la buhardilla, odio como me mira por la ventana cuando estoy acurrucado en la cama intentando mantener cerrados los ojos y la mente despejada.
Sé que no estás ahí, que no te encontraré cuando salga. Sé que no existe la casualidad, que no te veré más o seguiré el aroma de tu cuerpo frío.
Sonrisa y ojos tristes... No podemos engañarme, no lo conseguiremos jamás. Soy demasiado estúpido (y nunca me gustaron las chimeneas).
¿Qué me pasa? Creo que, definitivamente, me estoy volviendo loco... ¿Como podría sentir esto si no lo estuviera? Las lágrimas que no veo. La soledad que tanto evito y que tanto consigo. Las proyecciones en mi cabeza sobre un mundo en el que ni siquiera existo.
Creo que puede cambiar. Confío en que pueda cambiar. Pero, cuando me doy cuenta, estoy tumbado en mi cama, bajo las sábanas, y comiendo galletitas de chocolate...
Asomo la cabeza y veo el rastro de agua de mis zapatos de la última vez que salí fuera. Creo que no lo haré más.
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| Mi vida se agota de esperar a que yo cambie mi futuro. |

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