Entré en la habitación y escuché sus pasos huecos. Había entrado conmigo.
Me senté en la butaca y serví un poco de té en las dos tazas.
"Bonjour, madame. ¿Le apetece un poco de té?"
Silencio.
Estaba escondida tras las enormes cortinas rojas. Por el bulto que formaba en la cortina pude deducir que se trataba de una joven de mediana edad.
"¿Qué pretendes encontrar escarbando en lo más hondo de mi alma? Aquí solo encontrarás cosas demasiado tristes para alguien como tú."
Más silencio.
"Bueno, tome asiento cuando guste."
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