THIS IS MY KINGDOM COME.

2 de diciembre de 2010

Absurdo y tétrico.

Tengo la terrible sensación de que, de un momento a otro, caeré.
No puedo más. Tengo la mente agotada de tanto luchar por no pensar. Tengo el cuerpo destrozado de intentar moverlo utilizando el cerebro a la mínima potencia, intentando no elevar su uso hasta alcanzar ciertos sentimientos de los que preferiría no recordar en estos instantes.

Es como si mi alma estuviese en las últimas, como si hubiese agotado por completo mi corazón. He olvidado ya los recuerdos, las emociones; sólo quedan los asquerosos sentimientos que, como siempre y por desgracia, son lo último en olvidarse...
Resulta obvio decir que, en estos instantes, no soy más que un saco de carne que está completamente vacío. A veces pienso que me he vuelto tan extremadamente frágil que con  sólo cosas como crujirme los dedos o torcerme un tobillo podrían descompensar la estructura de mi cuerpo y hacerme exhalar el poco aire que queda dentro de mí, y convertirme en una masa aplastada y arrugada de piel, músculos y huesos.
No hace falta decir que nada en estos momentos puede llenarme lo más mínimo. Puedo reír, puedo alegrarme y ser feliz. Pero, obviamente, todos son sentimientos que he tenido que mecanizar a lo largo de la vida. No soy más que un robot destrozado y sin utilidad.
Parece que vago por las calles como un barco fantasma. Creo recordar que la gente se acerca a mí con una sonrisa en la cara. Veo cómo mueven los labios, pero la música que escucho por los cascos eliminan cualquier palabra que me quisiesen hacer llegar. Se giran con cara triste y se alejan.
Los estoy perdiendo... los estoy perdiendo a todos, y sigo con la misma cara de sonámbulo. Es como si soñara que el mundo corre mil veces más deprisa, pero mi música y yo vamos a otra velocidad.

Los días pasan lentos. Las horas corren incluso más lento que yo.
Perdí la noción del tiempo y del espacio. A veces aparezco en casa; tirado sobre la cama, con los cascos puestos. No sé qué hago ahí, sólo cierro los ojos e intento dormir.
A mitad de cada noche, las sombras tiran de mí. La habitación se envuelve en misteriosas sombras que danzan y ríen a mi alrededor y, entonces, vuelven a mi mente miles de recuerdos que quiero olvidar. Mi cuerpo rechaza las imágenes que vislumbro, y las ataca con miles de impulsos nerviosos que hacen temblar todo mi ser. Las convulsiones recorren todo mi cuerpo y acaban tapando las imágenes durante la noche.
Siempre que despierto veo mi cama completamente desecha. Las sábanas y mantas yacen derrotadas sobre el suelo de todo el cuarto, tras la lucha de la noche anterior.
Tengo miedo de que el frío de la noche entre en mí y no haya forma de volver a calentar lo que quede de mí.

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