Siempre la misma ventana, se decía.
Es curioso. Hay tres ventanas que dan a la calle, las otras cinco dan a una especie de patio interior.
Teniendo en cuenta que desde las cinco que dan al patio interior puedo ver el mismo paisaje inerte, podemos decir que hay cuatro tipos de ventanas en la casa. De esos cuatro tipos de ventana, cada una tiene un valor muy distinto a las demás.
Desde el pasillo está a izquierda y derecha, colocadas en las distintas salas de la casa.
A la izquierda, el pesimismo y a la derecha, el optimismo.
Todo cobra su lógica en el por qué las tres ventanas de la derecha son las adecuadas, y no las cinco idénticas de la izquierda.
Las de la derecha dan al mismo paisaje. Sin embargo, cambia la forma de verlo desde cualquiera de ellas, y no porque varíe lo más mínimo, si no por la forma de mirar.
La primera es más grandes que las otras dos, además tiene un sofá al lado que no es muy cómodo, pero sigue siendo un sofá desde el que mirar sin agotarse demasiado. Para colmo, en la ventana hay enganchadas unas macetas con flores preciosas.
La segunda tiene una dificultad añadida; es más pequeña y de doble cristal. Además, hay una mesa de por medio, y eso siempre quita las ganas de acercarse.
La tercera es la más cercana, también es de doble cristal. Pero no hay obstáculos por medio ni sofás, por lo que se puede estar tranquilo de pie.
Parece que no, pero todas tienen su significado. Siempre que ese joven se levanta inconscientemente de la silla acaba asomado por una de ellas, según (obviamente) su "ÉL" de ese día.
Quizás ese chico sea demasiado tonto, todos lo somos alguna vez, pero siempre sonreirá con unas palabras del mar y del cielo.
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