- Creo que no voy a llegar -dije angustiado.
- Ve volando -sugirió sin apartar la mirada del horizonte.
Pese a su aparente e increíble locura, había algo dentro de ella que la hacía de un atractivo inimaginable. Indescriptible.
Toda esa serenidad, esa confianza en lo incoherente. Cuanto más segura decía las locuras y más tranquila, más atractivo se volvía su alma pura.
Desplegué mis alas y, en apenas un segundo, sobrevolé toda la ciudad y llegué a mi destino.
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