Se oye un grito. Las tazas explotan.
Hasta el camino más corto, a veces, se convierte en el más largo. Y no porque a mi me lo parezca, sino porque los escasos metros que me separaban de mi destino se han alargado. Ahora se muestran imponentes kilómetros.
Hoy olvidé que no podía volar por el día, pero esta noche tampoco tenía alas, sólo unas piernas débiles que se tambaleaban al levantarse de su cómodo sillón de piel.
Era un asiento tan extremadamente agradable que costaba levantarse. Quizás por el impacto que me causó tener que hacerlo. ¿Y ahora qué? ¿Correr?
Y así hice. Fueron verdaderos kilómetros a pie, sin descanso.
Pero esta noche no tenía alas, por lo que los kilómetros nunca acabaron. Y el final se convirtió en un principio infinito y repleto de árboles muertos.
Quizás la única forma de ser feliz sea casarse con un gato o un dinosaurio. Ellos jamás se enfadarán contigo. De hecho, se pasarán toda la vida felices mientras les dejes una mano para que jueguen mordiéndola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario