THIS IS MY KINGDOM COME.

20 de junio de 2010

Quizás sea la mejor forma de decir adiós. Aunque nunca le agradó a aquel pequeño gato tener que despedirse.
Las despedidas nunca fueron lo suyo, no le gustaba la idea de separarse de los animales por un mísero segundo. Siempre quería estar ahí, junto a los demás... por los demás.
Ni siquiera se le daba bien tener algo de qué hablar cuando estaba con más animales. Posiblemente le gustara deleitar sus pequeños y frágiles tímpanos con alguna melodía de medianoche o con la simple armonía del latir del corazón ajeno.
Además, siempre se distraía mucho, y perdía el hilo de las conversaciones. Y todo porque, cuando alguien hablaba, buscaba el oir a sus pulmones exhalar aire. Y no porque no le importase lo que dijeran, sino porque, a veces, prefería asegurarse de que estaba en compañía de animales vivos, y no muertos.
Le parecería tan reconfortante escuchar los suspiros.
Pero, sin duda alguna, lo que hacía que la gente volviese a verle no eran sus despedidas, ni sus embobamientos, sino su forma de saludar.

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