El niño estaba tranquilamente sentado con sus amigos en un lugar donde se reunían todos los fines de semana los jóvenes de la ciudad. Era un sitio de encuentro donde muchos adolescentes.
De pronto, el viento dejó de soplar. Aquella mano helada paralizó momentáneamente su cuerpo. Estaba sentado, así que se levantó y se giró. No dio tiempo a ver a quien le llamaba cuando recibió un puñetazo en la cara. Cayó al suelo.
Sangrando por la nariz acertó una patada en la entrepierna de su contrincante. Se estremeció de dolor.
Le ofreció tiempo suficiente a nuestro joven aprendiz como para coger una botella de cristal, como las muchas que había depositadas por el suelo, y estallársela con todas sus fuerzas en la cabeza. El rival se derrumbó de un solo golpe.
Estaba a punto de quedarse inconsciente.
Nuestro protagonista se acercó con la botella rota en la mano y se inclinó para hablarle al oído.
- Hola, imbécil. Has de saber que estoy en contra de todo tipo de violencia pero, a veces, es la única forma de entendimiento para gilipollas como tú.
Toda la gente de su alrededor estaba parada, mirando atónita cómo se desarrollaban los hechos.
Nuestro jóven se reincorporó y sujetó la mano del otro adolescente. La colocó debidamente sobre el suelo y aproximó la botella a sus dedos.
Conscientes de la locura que iba a hacer nuestro querido amigo, algunos chavales se aproximaron veloces a detenerle, pero era demasiado tarde.
Apenas tuvo que hacer fuerza, echó su peso sobre la boca de la botella y, por la otra parte, los dedos quedaron perfectamente cortados.
El grito del mutilado fue desgarrador. Quedó inconsciente acto seguido.
- Me comería tus dedos, pero dicen que las manos reflejan las acciones de las personas. Por eso no quiero tragarme tus malos actos. Ha sido un placer intercambiar estas palabras contigo.
Los demás jóvenes fueron a apartar de un empujón a nuestro protagonista, pero este les echó la mirada más fulminante que jamás podrían haber imaginado.
Cuando nuestro amigo se levantó y se marchó fue cuando se acercaron los demás al adolescente que estaba inconsciente tirado en el suelo. Intentaron vendar los dedos, que no paraban de sangrar, con un trozo de camiseta. Estaba perdiendo mucha sangre.
Siempre que vienen por las malas, hay que responder igual. Es lo que tiene que la gente sea imbécil, que no sabe hablar.
Puede que respondiendo de la misma forma al primer agresor, sea la única manera de que aprenda a no empezar una "discusión" comenzando con un puñetazo...
ResponderEliminarPor otro lado he de decir que no estoy a favor de responder con la misma moneda... siempre he pensado que hablando es como se solucionan las cosas... lástima que pocos sepan eso.
¿Pocos?
ResponderEliminarLa gente es estúpida. Si vienen por las malas hay que responder por las malas. Hasta que se lleve tantas palizas como para aprender que hay que ir por las buenas.